¿Qué hacer con Trump?

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¿Que hacer con Trump?
Por Luis F. Brizuela  Cruz
 
Cuando escribí mi primer artículo sobre Trump (“¿Por qué no Trump?”), las reacciones resultaron tan variadas como las que el mismo Trump provocara al anunciar oficialmente su candidatura acompañada de una serie de comentarios controversiales.  Poco tiempo después, todo aquello que había parecido chocante, inapropiado y hasta destructivo se ha ido tornando no solo algo aceptable, sino que también de cierta forma popular. Algo similar ha ocurrido con mi escrito. Puedo, por consiguiente, hacer sutil alarde que fui yo uno de los primeros en explorar el tema.
 
Mi ensayo original fue interpretado por los pensadores más profundos como un análisis balanceado y bastante acertado sobre el personaje peculiar que había decidido participar en la contienda en pos de la oficina más alta de gobierno de la nación. Hubieron otros que, ofuscados por su pasión y considerándose a sí mismos víctimas directas de los puntos radicales de Trump (como el tema de inmigración) me atacaron como si yo hubiese estado promoviendo al candidato. Finalmente hubieron otros, tan apasionados como los anteriores pero en lado opuesto del campo político, o quienes simplemente se identifican con la actitud resuelta y agresiva del empresario y estos dos grupos protestaron cuando tildé a Trump de “intelecto limitado con tendencias excéntricas y narcisistas”.
 
Más  allá de las reacciones sobre la candidatura de Trump o mi modesto escrito, la realidad innegable es que Donald Trump es definitivamente una fuerza con la que todos tendremos que lidiar; algunos divertidos por sus payasadas, otros descorazonados con sus amenazas y otros (entre los que me incluyo) simplemente intrigados. Su prominencia y durabilidad en las encuestas ya han rebasado las expectativas y la pregunta que comienza a formularse es: ¿Qué hacer con Trump?
 
La primera facción que debe reconsiderar sus puntos de vista y estrategias con relación al millonario del pelo rubio es el Partido Republicano. La elite del GOP (Gran Viejo Partido, por sus siglas en inglés), incluyendo sus poderosos afiliados detrás de la fachada, posiblemente decidan esperar un poquito más, esperanzados de que surgirá algún bache por el camino o alguna acusación derogatoria que pueda descarrilar la Locomotora de Trump. El problema con esta táctica es que la actitud del candidato y su metodología a prueba de ataques ha ido asentando raíces dentro de un público creciente, que de repente se percata que no es realmente necesario ser “políticamente correcto” para sobrevivir en la política (o por ende en la vida misma), como las huestes liberales nos han venido adoctrinando que seamos durante ya hace bastante tiempo. Una vez que el periodo calculado de espera llegue a su final y de Trump continuar en la contienda, el lado derecho del espectro político estadounidense tendrá que convocarse de nuevo y descifrar la próxima estrategia para impedir que Trump alcance la nominación de su partido. Queda por verse cuán lejos habrán de llegar o cuan drástica pueda ser la decisión de los cerebros del GOP.
 
La izquierda, mientras tanto, disfruta del lujo relativo de poder esperar a ver cómo se desarrollan las cosas dentro del flanco republicano. No obstante, ellos confrontan su propia dificultad en determinar quiénes serán sus candidatos; particularmente en estos momentos en que Hillary Clinton enfrenta acusaciones, escrutinios y posibles investigaciones federales. Los demócratas tendrán, más tarde o más temprano, que preguntarse: ¿Cómo podemos prevenir que este intruso (Trump) sea el candidato de la oposición cuando lleguemos a la Final?
 
Entre otros grupos interesados en la suerte del “Más Improbable de los Candidatos” están los latinos; de manera curiosa representando los dos lados del tema. Trump ha recibido una fuerte crítica y (hasta ahora) solo ataques verbales de parte de los que abogan a favor de la inmigración ilegal, pero ha obtenido cierto respaldo de hispanos que creen en el proceso legal de entrar a los Estados Unidos. Los sindicatos y grupos con intereses especiales han ofrecido escasas opiniones acerca del controversial candidato, como si pensaran que tal vez alguno de los otros elementos antes mencionados se ocupará de la “situación” antes de verse ellos forzados a “tomar cartas en el asunto” de forma más directa.
 
Los meses que siguen prometen ser muy interesantes no solo para el candidato cruzado, sino que también para todos los complejos elementos del establecimiento y de hecho para la nación. Indudablemente, una nueva visión ha emergido exponiendo asuntos que habían quedado vedados por mucho tiempo y proponiendo soluciones que quizás fueran consideradas por muchos (grupos e individuos), pero las cuales terminaban siempre descartadas o consideradas demasiado drásticas y atroces para llevar a ejecución, hasta ahora.
 
No se me ocurre ningún otro candidato en tiempos recientes que se atreviera a cruzar los parámetros que Donald Trump desenfadada y consistentemente atraviesa en los momentos actuales. Consecuentemente, cada día parece exponerse a mayores riesgos. La pregunta, por lo tanto, sigue siendo: ¿Qué hacer con Trump?
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