¿Por qué las similitudes entre Estados Unidos y Cuba?

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¿Por qué las similitudes entre Estados Unidos y Cuba?

 

Por Luis F. Brizuela Cruz

Todo lo que acontece no solo termina, sino que comienza con Obama, el Ilusionista en Jefe, el personaje que ha arribado en el momento preciso a una sociedad estadounidense la cual, después de forcejear por décadas con tendencias socialistas, ha finalmente sucumbido -mayoritariamente- a la perversión de tan desacertada e incapacitante ideología.

El mecanismo que se puso en marcha durante el rescate conocido como el “New Deal”, después de la Gran Depresión fue gradualmente “mutando” hacia una desconcertante abominación que hoy visualizamos como la total decadencia del espíritu de progreso y autosuficiencia de la joven nación que por tanto tiempo ha representado el faro de libertad y esperanza para millones de personas de todo el planeta a través de la historia. El fatídico virus de la dependencia y la indulgencia ha infestado la abúlica masa desinformada hasta reducirla a un contingente simplemente en espera de las dádivas del gobierno.

¿Suena familiar? Con frecuencia me llegan comentarios que sugieren que lo que pasó en Cuba no guarda semejanza con el proceso que hoy atravesamos aquí en nuestra patria adoptiva. De veras que lamento discrepar. Es así precisamente como comienzan los gobiernos comunistas que inexorablemente van tomando posesión de todo lo material, pero que para ello primero modifican el pensar y el sentir del ciudadano. Lo incapacitan y a cambio lo mitigan con prebendas, lo entretienen, lo hacen sentir “mantenidos” y seguros de su condición social, patrocinada por el estado. El ser humano, una vez que traspasa ciertas fronteras morales y éticas, cae en un limbo de detrimento social de donde casi nunca hay regreso. Ahí nos hemos encaminado, si no es que ya hemos arribado.

Recuerdo algo, debido a mi corta edad cuando estos eventos se llevaron a cabo en nuestra Cuba, y he leído e indagado mucho al respecto. Cuando Castro, “El Maquiavelo”, se sintió apoyado por la masa envidiosa, desinformada e indulgente, se atrevió a actos sin precedentes, como cínicamente colocar en las manos del pueblo confundido la suerte de aquellos que podían representar algún tipo de peligro para sus aspiraciones. Él sabía que en ese vulnerable momento el “pueblo” decidiría a su favor y sin vacilaciones incriminaría a los opositores, en ocasiones con castigos que excedían de forma despiadada el grado del delito y hasta a veces de la simple sospecha.

Los tiempos habrán cambiado y los métodos incluyen hoy mayor sutileza y estrategia, como ha quedado evidenciado con la manifestación del “Socialismo del Siglo XXI”, donde se aplica una democracia ficticia y luego se alteran las leyes y las constituciones de los países. También está claro que los Estados Unidos no son Cuba u otro país tercermundista, al menos no hasta este momento. Pero si tomamos varios ejemplos de la forma arrogante e impune con la que se ha manejado la administración de Barack Hussein Obama, desde su primera elección, nos daremos cuenta del proceso que cada día guarda más similitud al microcosmo de nuestra patria perdida hace ya casi seis décadas a manos de un impostor.

El Presidente Obama pudo haber sido el Gran Unificador por su condición de hijo de un padre negro y una madre blanca, pero él ha optado por dividir al país que tanto progreso ha logrado en asuntos de racismo y discriminación a través de los años. Obama ha empleado más que ningún otro  presidente en la historia el mandato presidencial para alterar leyes, incluso algunas que fueron originalmente propuestas por él mismo, como la ley de salud. Respaldado por una masa primordialmente dependiente, desinformada y descuidada, también ha incitado repetidamente a esa masa a la protesta, el desacuerdo y la envidia contra las clases pudientes, acusándolas de ser la causa de la desigualdad social. En ningún momento se le ha escuchado al Divisionista en Jefe sugerir la autosuficiencia, la civilidad o el patriotismo como fundamentos de progreso. Obama se ha mostrado débil y condescendiente con antiguos adversarios y ha osado hasta tildar a su propio país de intervencionista y de tratar de imponer su supremacía y voluntad sobre otros países a lo largo de la historia.  En el proceso nuestros aliados han ido gradualmente perdiendo respeto por nuestro gobierno y hasta nuestra calidad demográfica. Nuestros enemigos se han envalentonado cada día más y más, como ha quedado evidenciado por los actos recientes llevados a cabo por Rusia, en su afán de retornar a la cuestionable gloria del antiguo imperio soviético. Pero sobre todo hemos presenciado el declive inexorable en la motivación y el orgullo de una ciudadanía para perseguir la prosperidad individual y colectiva.

La apatía, la abulia y la desidia ya se han instalado como gérmenes permanentes en la psique de por lo menos más de la mitad de la población estadounidense. Se trata de los mismos gérmenes que fueron posando sus larvas en la humanidad del pueblo cubano poco tiempo después del triunfo de la revolución castrista, hasta llegar a modificar de forma irreversible el espíritu de la gran mayoría de los ciudadanos.

Tiene, por ende, mucho mérito el planteamiento de que si existen amplias similitudes entre la triste involución de la historia cubana y el actual proceso sociológico que se vive en los Estados Unidos.

www.cubasegundomilenio.com

Actualizado el 15 de mayo de 2014

Cuba-USA


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