Patrocinadores de Terror, Agentes del Caos

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Patrocinadores de Terror, Agentes del  Caos

Por Luis F. Brizuela Cruz

El año quince del tercer milenio de la Era Común se inició con un sobresaliente despliegue de algo que podría muy fácilmente poner en perspectiva la perdurabilidad de la humanidad. El lugar esta vez fue Francia, una nación que ha sobresalido históricamente en cuestiones de virtudes, pero que ha sucumbido también en repetidas ocasiones por exceder los parámetros del liberalismo izquierdista. Precursores de modernas democracias, paradójicamente protagonistas de guerras Napoleónicas, invasores de tierras ajenas –incluyendo la Argelia islámica- los franceses han forcejeado perennemente con las consecuencias de sus exuberancias. Enormes cargos de conciencia por injusticias pasadas, dentro de una tendencia inherente a preservar el liderazgo de aperturas cosmológicas, las cuales han oscilado siempre desde lo más sublime hasta lo más superfluo, han causado que varias generaciones de franceses hayan contribuido a la vulnerabilidad a la que hoy se encuentra expuesta su patria frente al peligro de mayor relevancia en la actualidad mundial.

Durante las últimas décadas y en nombre de justicia social, flexibilidad y compensaciones, Francia ha permitido dentro de su territorio nacional el establecimiento y proliferación de comunidades musulmanas. Esto ha resultado en un escenario sin precedentes, donde facciones extremas han secuestrado la fe islámica y la forma de vida de estas comunidades, tornándolas prácticamente impenetrables para las autoridades francesas. En el corazón simbólico de las libertades y la inclusión, el mundo ha presenciado recientemente la destrucción que puede ser causada por la fusión de un liberalismo desmesurado, la ideología socialista y el fanatismo religioso. Añadiendo a tal infortunio, este ataque contra la libertad de expresión y contra las mismas libertades que irónicamente facilitaron la ejecución de los crímenes de Paris, podría o no constituir la lección necesaria para que el mundo entero actúe de manera unánime contra esta nueva forma de mal que aflige a la humanidad. Aun después del emotivo despliegue de solidaridad internacional por parte de líderes de más de cuarenta países en las calles de Paris, múltiples siguen siendo las fuerzas renuentes a señalar claramente y actuar contra la epidemia de horror y terror que se esparce velozmente por el planeta. Agendas liberales, socialistas y comunistas, espeluznantemente, parecen tener mucha más relevancia que la urgencia que enfrenta la comunidad internacional y son muchos los líderes que continúan ignorando o negando la verdadera naturaleza del problema.

Tristemente, el ejemplo más sobresaliente de esta desconcertante y enigmática postura se deriva de la presente administración del último bastión de esperanza para la humanidad. El Presidente Barack Obama, emblemático aun del supuesto liderazgo del mundo libre, luce en el mejor de los casos ambivalente frente al actual estado sociopolítico del globo terráqueo. Sus acciones y las de su administración parecen indiferentes con respecto a la aflicción y calamidad que se ciernen sobre todo el planeta; en ocasiones hasta aparentando representar intereses opuestos a los de la comunidad internacional. El mandatario estadounidense claramente ya encabeza la lista que incluye a algunos de sus predecesores responsables por decisiones y actos que han traído detrimento para su propia nación y para el mundo entero a lo largo de la historia. La ausencia de una representación adecuada por parte del gobierno de los Estados Unidos, durante la demostración de líderes internacionales contra el terrorismo islámico en las calles de Paris, envía una señal preocupante para toda la humanidad acerca de catastróficos escenarios futuros.

Las envalentonadas facciones del liberalismo, socialismo y comunismo a través del mundo han venido sutilmente asumiendo el rol de patrocinadores del terror internacional, mientras que sus abominables ramificaciones, las cuales se han estado manifestando cada vez más y más en disturbios sociales en los Estados Unidos y en otras partes -bajo la dirección de falsos líderes que confunden y contaminan las mismas masas que alegan representar- constituyen un nuevo ejército de agentes del caos, quienes habrán de tener una enorme participación en el eventual colapso de todas las sociedades libres.

Una acción decisiva por parte del mundo no se debe hacer esperar. Lamentablemente, puede que nunca llegue.

23 de enero de 2015

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