Las Elecciones del martes y nosotros, los hispanos

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Las Elecciones del martes y nosotros, los hispanos

Por Luis F. Brizuela Cruz

Paradójicamente conservadores en nuestra naturaleza, autosuficientes, inherentemente humildes, sin embargo sutilmente orgullosos; con frecuencia tímidos, de orientación familiar y en su mayoría  profundamente religiosos, los latinos parecemos haber sucumbido a inexplicables patrones de deterioro social, a medida que muchos de nuestros líderes continúan proyectando una postura envalentonada donde las exigencias son prevalentes, mientras que se ignora, se subestima y ridiculiza la promoción de las responsabilidades del ciudadano. Por lo menos dos generaciones de hispanoamericanos ya han nacido en los Estados Unidos bajo la influencia de un liderazgo determinado a incrementar aún más la gama de beneficios  para sus constituyentes, exhibiendo simultáneamente un alarmante grado de desdén hacia la civilidad y la responsabilidad personal.

Hasta los medios informativos en español, que años atrás estaban dedicados a informar y educar a la comunidad, se han convertido en un colosal frente militante, abogando fervorosamente a favor de los derechos de los latinos en los Estados Unidos, en ocasiones extralimitándose mucho más allá de los parámetros de la profesión. Tal ha sido el giro en el mensaje de los principales medios en español, que el análisis objetivo ha desaparecido de la escena y temas como la violación de la ley por individuos que cruzan la frontera para entrar a los Estados Unidos de forma ilegal se han transformado en un estridente clamor que exige una reforma migratoria y demuestra muy poco entusiasmo y voluntad de reciprocar con el acatamiento de los estatutos del país sede.

El debate entre los dos principales partidos que rigen el país continúa, sin resultados,  acerca de cómo lograr una reforma migratoria justa y legal que ponga fin o alivie la tensa situación en la que se encuentran más de once millones de ilegales –la mayoría hispanos- que residen en los Estados Unidos. Incitados erróneamente por los líderes comunitarios de la izquierda y muchos de los medios difusivos, la mayoría de estos indocumentados ha llegado a asumir que ciertos derechos le son merecidos, por lo tanto reclama el permiso a la permanencia en el país con mínimos o ningún requisito a cumplimentar de su parte. Esta disparidad en la percepción del panorama real que se vive ha conducido a la distorsión del origen y la verdadera naturaleza del problema.

Olvidada en todo el proceso no solo está la condenación por el acto de intrusión en la soberanía de una nación, sino la total culpabilidad que debe adjudicársele a los países de donde provienen estos inmigrantes ilegales. Los gobiernos de dichos países, en ocasiones durante prolongados periodos de tiempo, han fracasado totalmente en proporcionar adecuados niveles de vida para sus poblaciones, motivando los éxodos irregulares que han conllevado a la crítica situación actual. También olvidado está el enorme daño que estos actos de intrusión ilegal en un país le causan a todas aquellas personas que aspiran a salir de sus países por vías legales y están dispuestas a esperar el curso normal de los trámites basados en los convenios migratorios entre los países. Muy pocas veces se escucha a un líder comunitario o a un locutor de los medios hispanos abogar a favor de los que aguardan su turno legal para viajar de otros lugares a los Estados Unidos. Por el contrario, muchos de nuestros líderes y miembros de la media persisten en incitar a las masas a la exigencia de derechos que legalmente no existen, creando mayor confusión, desorden y desobediencia por parte de la misma comunidad que ellos alegan representar.

Esto nos trae a la proverbial encrucijada en el sendero para nosotros los Latinos en los Estados Unidos. Es razonable pensar que la nuestra sea la generación que dicte la pauta para el futuro de nuestra herencia hispana y su enorme impacto en el futuro de la tierra que nuestros ancestros escogieron como la esperanza de una mejor vida para sus descendientes. Si caemos víctimas de las corruptas y degenerantes tendencias sociales promovidas por la izquierda, tales como la dependencia y el rechazo a nuestras responsabilidades como ciudadanos, nuestro futuro y el de la nación auguran un calamitoso escenario. Sin duda alguna, traicionaríamos los principios de nuestros antepasados, los cuales llegaron a este país de oportunidades y orden, respetuosamente integrándose a su nueva patria adoptiva -logrando niveles de progreso que simplemente hubieran sido inalcanzables para ellos en sus tierras de origen. Si actuamos sabiamente y rechazamos las equívocas, egoístas exhortaciones de muchos de nuestros corruptos líderes demócratas  y los medios que ayudan inescrupulosamente en la coordinación de sus destructivas agendas, quizás tengamos una fuerte probabilidad de construir un futuro mejor para nuestros herederos. Tal vez podamos convertirnos en la nueva cara de América y hasta restaurar la visión inicial de nuestros precursores cuando estos arribaron hace cinco centurias a lo que llamaron el Nuevo Mundo. Debemos, sin embargo, para lograr que esa nueva imagen de América sea vindicadora, próspera y digna, renunciar a toda la influencia negativa que vienen ejerciendo sobre nosotros, por décadas, los elementos liberales y altamente perjudiciales de nuestra sociedad.

www.cubasegundomilenio.com

29 de octubre de 2014

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