La Falacia que comienza con la palabra “Demócrata”

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La falacia que comienza con la palabra “demócrata”

Una historia del Condado Hudson

Por Luis F. Brizuela Cruz

En la consulta de un médico del Condado de Hudson, New Jersey, uno de los cuarteles de la corrupción y la confusión política de nuestra nación, aguardábamos (impacientemente) diez  o doce pacientes.

Ocurrió durante los días finales de la campaña presidencial entre Bush y Gore. En la plana pantalla del amplio televisor que sirve de pórtico implícito a la controversial fase psicológica del tratamiento de los enfermos que acuden a estas consultas médicas, se repetían las imágenes de los candidatos y se intercalaban las voces de comentaristas y expertos políticos que rendían sus opiniones acerca de los próximos comicios.

Aunque resulta menos común de lo que muchos podríamos imaginar, en este peculiar escenario la mayoría de los pacientes suelen limitarse a mirar –y hasta en ocasiones escuchar- la pantalla del televisor, mientras que algunos leen y otros duermen o fingen dormir. Raro es oír algún comentario por parte de los presentes  sobre los temas que se anuncian y discuten a través de la televisión. Cuando ocurre que alguno de los que esperan decide vocalizar su opinión, esto causa un reajuste en las emociones y a veces el comportamiento de los demás pacientes. A través de mis angustiosas esperas, durante varias décadas, en consultas de doctores del Condado Hudson, he presenciado ilustradas conversaciones y también airadas discusiones que han partido del osado comentario de alguno de los que aguardan para ser vistos por el galeno. Los temas de mayor controversia siempre han sido aquellos de índole política, ya sea en el ámbito local, nacional o internacional.

El afable octogenario que en aquella tarde de otoño decidió tomar la palabra, se pronunciaba en un español neutral -casi clásico- de los de una época cuando no era fácil detectar el regionalismo del parlante. Lo que comenzó con un simple comentario, se fue desarrollando en un extenso monólogo que habría de captar la atención de todos los allí congregados. Estas fueron sus palabras:

“Vine a este grandioso país con mi esposa y dos hijos a principio de los sesenta. Venía colmado de sueños y con el ímpetu de la juventud, dispuesto a trabajar y luchar para poder darle a mi familia una vida mejor a la que teníamos en nuestro país. No teníamos la menor duda que aquí encontraríamos el campo de las posibilidades para realizar nuestros proyectos, algo que ya no resultaba fácil en nuestra querida y añorada patria.

Al día siguiente de nuestra llegada comencé a trabajar en una fábrica. Había muchas en ese entonces y nunca faltaba el trabajo. Se percibía cierto sentido de orgullo en la producción de lo que se hacía, desde lo más simple y elemental hasta lo más elaborado y costoso. A lo largo de los años mis trabajos mejoraron y de igual forma mi sueldo. Poco a poco vimos cómo se iban materializando nuestros planes y nos íbamos sintiendo más americanos cada día, agradecidos de la bondad y la abundancia de este maravilloso país.

Durante los primeros tiempos para comunicarnos con los gringos dependíamos de la siempre sincera y voluntariosa ayuda de los hermanos boricuas, que se podrían catalogar como los precursores de la Hispanidad que hoy tanto clamamos y que tanto nos enorgullece. Si teníamos que plantearle algo al “boss”, ahí teníamos a un compañero de trabajo puertorriqueño que dejaría de inmediato sus tareas para venir a socorrernos con la traducción. Si estábamos desorientados con relación a un lugar extraño donde teníamos que acudir para un trámite legal o incluso una diversión, ahí estaban esos magníficos boricuas siempre dispuestos a darnos una mano.

Recuerdo como si fuera hoy el día que le pregunté a un compañero de trabajo puertorriqueño  como era la política de los Estados Unidos. Su repuesta fue corta y sencilla. Me explicó que existían dos partidos políticos principales que eran el Republicano y el Demócrata y que yo debería escoger uno cuando me hiciera ciudadano y podría entonces ejercer mi derecho, mediante el voto, a vivir en  la democracia. “Democracia” y “demócrata”, dos palabras que se grabaron de inmediato en mi psique. A ser “democrático” había yo venido a este país. De manera que no cabían dudas en mí. Tan pronto lograra mi ciudadanía americana me matricularía en el Partido Demócrata y con eso sellaba oficial y patrióticamente la misión que me había traído a esta tierra de oportunidades y bienestar social.

Pasaron los años y consistentemente ejercí mi sufragio, siempre dentro y a favor de las huestes del Partido Demócrata. Pero distante ya no estaba el día  en que llegara a darme cuenta que no era lo mismo “democracia” que “demócrata”.

Fue durante la campaña por la presidencia entre Reagan y Carter que una noche, sentado con mi esposa frente al televisor, escuché un discurso del ex actor de Hollywood y antiguo demócrata, y en ese momento aspirante a la Presidencia de los Estados Unidos por el partido republicano.

Ronald Reagan habló aquella noche sobre el decadente orgullo americano; sobre como el valiente y gallardo pueblo estadounidense venía por años perdiendo su sitial de honor y ejemplo ante el mundo. Explicó como la raíz del problema se encontraba, primordialmente,  en todos y cada uno de nosotros los ciudadanos. Pero el mensaje  que más me llamó la atención del discurso de esa noche fue el que se refería a lo que debía ser la misión del gobierno y a lo que él se comprometía en esos momentos, de ser electo el nuevo presidente de los Estados Unidos. El papel  fundamental del gobierno era enseñar a los ciudadanos a “pescar”, no entregarles el pescado para que se alimentaran. A pescar fue que yo vine a este país, me dije. La filosofía planteada por Reagan, al igual que los valores sociales y morales que exponía, eran precisamente con los que yo me identificaba. ¿Cómo era posible que la palabra “demócrata” me hubiera confundido tanto desde mi llegada?  Al cabo de tantos años me daba cuenta que en el Partido Republicano se hallaba la base de mi propia filosofía como hispano con aspiraciones  y deseos de luchar por un futuro mejor para mi gente. Yo no quería recibir el pescado, sino pescarlo y de esa forma disfrutar el fruto de mi propio esfuerzo, y a la vez aportar y reciprocar al país que tan piadosa y bondadosamente me había acogido en su seno.

A la mañana siguiente fui y me cambié de partido y desde entonces he apoyado la línea republicana, siempre tratando de sondear las intenciones de los candidatos individualmente, puesto que los hay buenos y malos en ambos bandos. Pero, ¿qué me digan a mí hoy en día que los demócratas son más representativos y más atentos a nuestras necesidades y congojas como latinos? Absolutamente todo lo opuesto. Nuestros principios conservadores, el deseo de prosperar mediante nuestro propio esfuerzo, incluso nuestras mismas creencias religiosas coinciden con los valores que representa el Partido Republicano.

¿Cómo fue que surgió esa confusión de que son los demócratas los que nos ayudan, a los pobres, a los de abajo? ¿No saben ustedes que hay más ricos en las filas demócratas que en las republicanas? Sin embargo, los conservadores superan por amplio margen a los liberales, según las estadísticas, en donaciones y obras caritativas. Tengan cuidado y analicen bien las cosas antes de lanzarse ciegamente detrás de una filosofía, basados posiblemente en frases retóricas y palabras que puedan sonarle agradables a sus oídos como por ejemplo la misma palabra: “demócrata”. Recuerden que hemos venido a este país en busca de democracia y eso nos confunde con la palabra demócrata o el Partido Demócrata. No es lo mismo ni se escribe igual, si lo analizan bien.

Tengan  mucho cuidado con esa falacia que empieza con la palabra: “demócrata”.

Ese error inicial que cometemos muchos al llegar, puede muy fácilmente ser el motivo principal de nuestro atraso en desarrollarnos e integrarnos debidamente a la sociedad. Y sobre todo en estos tiempos que hay tantos aprovechadores y demagogos liberales ofreciéndoles villas y castillas a las nuevas generaciones de hispanos. Estos personajes solo buscan el voto latino porque saben que somos un grupo que crece enormemente, pero al final lo que pretenden es fortalecer su base de agendas paternalistas e improductivas que cada vez van minando y disminuyendo los principios progresistas de este país. Hablan de dar a todos, de distribuir el bienestar social, pero en realidad lo que crean es una sociedad dependiente que al final solo engendra miseria para todos; un patrón que se repite constantemente en fracasadas sociedades socialistas o comunistas.

Soy dominicano y amo a mi país, pero también quiero y respeto a los Estados Unidos que me ha dado la oportunidad que mi país no pudo darme. Por favor analicen bien todos los detalles antes de apoyar un partido u otro, pero no se dejen confundir por la palabra demócrata. No es lo mismo democracia que demócrata”.

www.cubasegundomilenio.com

Actualizado el 29 de mayo de 2014

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“Los Latinos son republicanos, pero no se han dado cuenta aun”Reagan-Quote--Latinos-Are-Republican-


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