La Década del Adiós

Share the joy
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Adios

La Década del Adiós

Por Luis F. Brizuela Cruz

Hay pocas palabras que encierran más que la palabra Adiós. Puede ser formalmente casual o emocionalmente transcendental. Puede referir un instante que aplaza un reencuentro o sugerir la nostalgia de un tiempo al que ya no podremos regresar jamás. Muchas veces la incertidumbre de su uso es lo que torna inmensurable o indescifrable su contexto. Tiene tenues rasgos de añoranza desde el preciso momento que cierra un tiempo o espacio y simultáneamente lleva acento de divinidad oculta. En las mentes y los corazones de muchos puede marcar el final de una época o el umbral de un destino por forjar. Su etimología es la infinidad.

La sexta década del siglo veinte podría llamarse “La Década del Adiós” para todos los cubanos, no solo para aquellos que salieron de Cuba durante ese periodo. Históricamente, fue la época de los primeros dramáticos adioses para los habitantes de esta isla del Caribe que pasó del desacierto al cautiverio y de la distracción a la consternación, dentro del marco representado por esa etapa de aproximadamente diez años. Pero desde ese entonces han habido muchos más éxodos cubanos y el Adiós no ha dejado de rasgar entrañas, separar familias y disminuir para siempre una cultura. Todos los cubanos somos hijos del Adiós.

Sin embargo, hoy quisiera hablar de otros adioses; detalles casi imperceptibles e individualmente memorables que escapan al contexto histórico, pero que se manifiestan como música de fondo en nuestra imaginación o postrera dimensión pictórica en imágenes de álbumes de fotos de familia. Esos detalles, casi siempre de trivial origen -que solo advertimos en el tiempo y que suelen ir cobrando mayor significado a medida que los recuerdos comienzan a aventajarnos- esos son también adioses.

Recuerdo caminar con mi padre por el Sancti Spíritus del otoño de 1968, meses después de la Ofensiva Revolucionaria que interviniera los pequeños negocios y detenernos a conversar con el zapatero, el chofer de alquiler, el heladero y escuchar sus quejas y sus añoranzas acerca de un pasado reciente que parecía esfumarse ante sus desconcertados ojos. Era como si con sus angustiosos comentarios fueran descreyendo todo en lo que habían creído hasta solo unos meses antes. Porque se debe mencionar que la que llegaría a ser conocida cínicamente como la “revolución del callo” no dejó caer la guillotina simbólica sobre todos los cuellos al unísono, sino que fue descendiendo a través de las clases sociales cubanas, sepultándolas todas paulatinamente hasta que nuestro engreído pueblo, en su totalidad, recibió su dosis de humildad y justicia poética. Tenemos cierta tendencia a olvidar que cuando los esbirros fidelistas vinieron al principio de los sesenta por las posesiones de los ricos, los acomodados y las empresas que generaban trabajos y vitalidad económica, los demás núcleos sociales se regocijaron ante la campaña de igualar el campo de juego y distribuir la riqueza del país sin cuestionamientos acerca de su procedencia. Poco tiempo después la “revolución del callo” fue atrapando los talones de los que seguían en el andamiaje social y entonces los de más abajo sonrieron despectivamente y clamaron su propia versión de “justicia social”. Y así sucesivamente fuimos todos enfrentando, atónitos, el patíbulo de nuestra sociedad y no nos quedó nada, solo el  adiós.

Muchos dijeron “Adiós” a sus seres queridos y a sus pertenencias, pero la gran mayoría dijeron “Adiós” a sus sueños, ya que en la Cuba desorganizada y descuidada de la era pre-fidelista había de todo; corrupción, abusos, desigualdades e injusticias, pero también había sueños. A través de los años he conocido infinidad de historias de triunfo, muchas de las cuales incluyen individuos y familias de humilde extracción. Supe de padres que con su esfuerzo y dedicación lograron en aquellos tiempos legar un mejor futuro a sus hijos. He escuchado de matrimonios quienes desde muy jóvenes emprendieron su vida juntos sin nada y llegaron a prosperar armados exclusivamente de su tesón y sus principios. He tenido la oportunidad de conversar con muchos campesinos que no sabían leer o escribir, pero sus hijos lograron alcanzar una educación y superarse, gracias al progreso colectivo y gradual de una nación y al esfuerzo de sus padres, quienes labraban las tierras cubanas para sus empleadores privados, fomentando en muchas ocasiones relaciones mutuamente provechosas. Los trabajadores cubanos de aquella época tenían también la libertad y en su gran mayoría la opción de desplazarse en busca de mejoras. Es justo mencionar que existían avariciosos terratenientes y dueños de fincas que vivían de la trampa y abusaban de sus obreros, como uno de cierta notoriedad en Birán, Oriente, pero esos constituían la excepción, no la regla. Aclaro que estamos hablando de antes del triunfo de la revolución que encabezara y ultrajara el hijo de aquel hacendado tramposo y déspota de Birán.

A partir de ese  momento se fue extinguiendo todo. En característica forma comunista se fue consumiendo el tesoro de las arcas del país y los incoherentes lemas fueron minando la moral y el espíritu del obrero cubano -al faltar el verdadero incentivo de progreso- por lo tanto no habría reabastecimiento proporcionado de las arcas, como suele solamente ocurrir dentro de los fundamentos capitalistas. Y los cubanos fuimos cambiando y nos convertimos en autómatas a merced del capricho de un psicópata con el poder absoluto para secuestrar seis, siete, ocho, nueve, diez, once millones de almas dentro de la isla cautiva. Y el  Adiós pasó a ser nuestro derrotero.

En la señalada “Década del Adiós” las fotos del pasado fueron cobrando mayor relevancia frente a la casi total imposibilidad de poder tomar nuevas fotos. Las cámaras carentes de rollos y las presilladoras ausentes de presillas pasaron a ser, entre otros, objetos obsoletos de un pasado burgués. Entonces las fotos antiguas se tornaron en tesoros incalculables para las familias cubanas que lograban salir del infierno castrista y de igual manera para los que quedaban detrás. Como era extremadamente difícil y peligroso salir de Cuba rumbo a los Estados Unidos en esa época llevando fotografías u otros valores personales, muchos de los exiliados se regocijaban si años después de su salida lograban recibir algunas enviadas por sus familiares a través de España u otro país mediante el cual fuera posible un envío de correo portando tal valiosa heredad. Los de allá decían “Adiós” a los recuerdos plasmados en aquellas imágenes y se despojaban de una parte de sus vidas para alentar la nostalgia de los que habían partido. Y entonces en una casa de Miami, en un apartamento en Unión City u otro lugar recóndito de nuestra patria adoptiva se reunía una familia de cubanos para deleitarse ante las remembranzas inspiradas por los recobrados retratos de familia. Hasta la imagen secundaria de un refrigerador, un televisor o un cuadro en el fondo de las fotos podía incitar una melancólica reacción acerca de algún tiempo convertido en otro adiós.

Otras décadas han pasado y se han acumulado más nostalgias y más adioses. En tiempos recientes, con la llegada de ciertos cambios primordialmente motivados por el desespero del régimen castrista ante su fracaso, nuevas cámaras turistas han regresado a plasmar la nueva realidad cubana -en algunos casos la realidad disfrazada por el régimen y en otros la desnuda realidad de una tierra olvidada en el tiempo. Las imágenes han ido cobrando los matices digitalizados de un nuevo milenio y se han ido engavetando las fotos peregrinas de los sesenta con su sentimental color y añejado olor.  Los protagonistas de tantos adioses continuamos, sin embargo,  en la incesante procesión del exilio cubano hacia un futuro tan incierto como nuestro pasado y nuestro presente. Nunca sabremos que dictámenes marcaron el destino nómada de nuestra cultura o si nuestro proceso habrá de servir a otros pueblos para que traten de evitar su repetición, pero sin duda alguna nuestra historia ya es equiparable a la de otras errantes agrupaciones humanas asediadas perpetuamente por el designio del eterno adiós.

www.cubasegundomilenio.com

10 de marzo de 2014

Todos los Derechos Reservados


Share the joy
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •