Fatuidad versus la Importancia de tu Voto

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Fatuidad versus la Importancia de tu Voto

Por Luis F. Brizuela Cruz

Tendría yo siete u ocho años cuando escuché por primera vez, de parte de un amigo de mi padre, la frase “cada país tiene el gobierno que se merece”. Ocurrió a las afueras de mi escuela primaria, a mitad de la década de los mil novecientos sesenta en Cuba, cuando la mayoría de la población ya se había dado cuenta de su gran error al seguir las enfáticas (no sinceras, ni siquiera lógicas) palabras del líder convertido en dictador, Fidel Castro.
No fue hasta años después que yo comenzaría a entender el significado de las palabras de aquel amigo de mi padre.
Con el cursar del tiempo y mi persistente dedicación al análisis de eventos cosmológicos, quedé totalmente fascinado con los múltiples niveles de vulnerabilidad dentro del comportamiento humano. No solo son los seres humanos vulnerables a cautivadoras palabras, enfáticamente pronunciadas por un orador de voz acústica, que constantemente merodee la verdad, sino que pueden ser también susceptibles a las vanas e irreales promesas de ese parlante.
Existen varios elementos que contribuyen al nivel de fatuidad de la cual una sociedad puede ser capaz y estos elementos son usualmente explotados por los astutos manipuladores de las masas. El más común es el egoísmo, combinado frecuentemente con cierto estado de complacencia, que suele ser exhibido por mentalidades sindicalistas o dependientes, con visión obviamente miope del futuro de la mayoría. Otra tendencia humana que se acomoda perfectamente a la predilección de los manipuladores es la ideología; usualmente noble en su estado embrionario pero altamente propensa a la corrupción y descomposición. Su mejor ilustración radica en las desastrosas consecuencias del socialismo. Por último, pero no de menor importancia, la ignorancia y apatía constituyen una parte significativa de las enormemente distraídas sociedades modernas, con la multitud de artefactos y tentaciones a su disposición.
De manera que cuando un candidato con tendencias disidentes, creador de bienes –carente de tacto, pero también exento de hipocresía política- propone un cambio y vocaliza verdades innegables, es fácilmente concebible que la fatua masa no comprenda, o no quiera comprender.
Es absolutamente cierto que la mitad de la población de la que una vez fuera una gran nación, conocida como los Estados Unidos de América, ignora totalmente la gravedad de la presente situación, nacional y global. Es de igual manera desconsolador que aquellos que pueden -dentro de esa mitad proverbial- votar, ya lo han hecho de antemano a favor de la demagogia y el destructivo statu quo, mientras que aquellos cuya condición legal les impide votar, ya han comprometido la sabiduría de futuras generaciones con su propia fatuidad.
Este mensaje es esencialmente para la otra mitad, no cegada aun por el misticismo liberal:
VOTE Y PROMUEVA EL VOTO DENTRO DE SUS CIRCULOS. NO SE QUEDE EN CASA SIMPLEMENTE PORQUE USTED PIENSA QUE ESTA CAUSA ESTÁ PERDIDA. SI USTED VOTA CON SENTIDO COMUN, NUESTRO PAIS Y EL MUNDO PUEDEN AUN SER SALVADOS. PODRIA HASTA OCURRIR QUE NUESTRA NACION LLEGUE A SER GRANDIOSA OTRA VEZ.

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