En Estado de Sitio

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En Estado de Sitio

Por Luis F. Brizuela Cruz

Había algo peculiar en la actitud del ex presidente de México, Felipe Calderón, durante las ruedas de prensa que éste compartiera, respectivamente, con los presidentes estadounidenses George W. Bush y Barack H. Obama ya hace algún tiempo. En ambas conferencias no pude evitar notar, dentro del protocolo de reciprocidad entre los líderes de las dos poderosas naciones, cierto aire de arrogancia y exigencia que emanaba del jefe de estado mexicano. Parecía que existiera una noción preconcebida de merecimiento y reclamo vigoroso de atención con respecto a los temas expuestos por el representante del país que hace frontera con los Estados Unidos hacia el sur. No menos peculiar me resultó la aparente condescendencia y postura de cierta forma sumisa por parte de los presidentes estadounidenses con relación a la conducta de Calderón. En el caso de Bush la acción y reacción podían ser fácilmente atribuidas a la conocida afinidad de su familia con la cultura mexicana e hispana en general y a la altamente pregonada escasa intelectualidad del mandatario estadounidense. En el caso de Obama la acción y reacción podían ser, de igual manera, fácilmente vinculadas a su apasionada convicción acerca del abuso y mal uso del poder de los Estados Unidos a lo largo de la historia y a una agenda secreta guiada a promulgar la solidaridad entre el Partido Demócrata y la cultura hispana, como para garantizar votos liberales presentes y futuros.

En ambos casos, cualquier observador con un ápice de sentido común podía haber notado una enorme disparidad en la autenticidad del deseo de colaborar con el mismo grado de esfuerzo entre los dos gobiernos. Resultaba obvio que el lado mexicano de la alianza entre los dos países manifestaba una postura de reclamo sutil de compensaciones incalculables contra los vecinos del norte por ciertas injusticias históricas.

Poco tiempo después, ese mismo observador con sentido común, una rareza en nuestros tiempos, tendría la oportunidad de relacionar una predisposición similar por parte de los  medios más poderosos de difusión de habla hispana en los Estados Unidos, cuyo mensaje equivale fundamentalmente a una “proverbial” traducción al español de los lemas y planteamientos ideológicos de los medios liberales en inglés. Irónicamente, algo así como si pulsáramos en nuestro control remoto el botón de SAP que nos convierte la transmisión de un idioma al otro. Un esfuerzo combinado de inducir a la exigencia y simultáneamente al abandono de responsabilidad por parte de la ciudadanía habría de cumplir su cometido en corto tiempo: confundir a la desinformada pobre masa hispana inmigrante. Todos los elementos habían quedado perfectamente alineados para lanzar la ofensiva final contra la ya asediada infraestructura socioeconómica y moral estadounidense. Muchos de nuestros antiguos adversarios, al igual que nuevos enemigos, se regocijaban ante la sucesión de los eventos.

Magistralmente concebida por un gobierno mexicano plenamente corrupto, en conjunto con traficantes humanos  altamente organizados y posiblemente con el visto bueno de los carteles de la droga, una invasión de la soberanía estadounidense ya ha comenzado. El éxodo de decenas de miles de niños procedentes de varios países de Centro América que han cruzado la frontera de México hacia los Estados Unidos durante los últimos meses, creando una crisis humanitaria de serias proporciones, constituye la fase inicial de subsecuentes violaciones del ya sitiado territorio norteamericano.

Existe evidencia contundente que nuestros enemigos mortales del mundo extremista islámico se han venido infiltrando en mucho de los países latinoamericanos durante la última década; apelando a cualquier tipo de sentimiento anti americanista e incitando a los jóvenes de estos países del hemisferio occidental a afiliarse al radicalismo musulmán. Las distancias ya no resultan un elemento de seguridad para los Estados Unidos. Los enemigos de la civilización se acercan gradualmente y utilizan métodos inimaginables en su afán de destruir el último baluarte de libertad, compasión y justicia de la humanidad.  La esperanza de revertir el actual curso de los acontecimientos es muy tenue.

Las masas indulgentes y dependientes no parecen estar interesadas en reconocer el peligro que acecha a nuestras puertas. Nuestros líderes de izquierda, encabezados por el Presidente Obama, continúan subestimando la gravedad de las diversas situaciones que se vienen desarrollando, a favor de seguir expresando una contradictoria solidaridad con facciones que están totalmente resueltas a lograr nuestro exterminio. Nuestros líderes de la derecha, en su gran mayoría, no poseen el valor y la determinación para arremeter contra la corriente turbulenta; preocupados en arriesgar capital político en un momento histórico donde el juego de la política podría ser inconsecuente, mientras que priorizar en nuestra sobrevivencia constituye un asunto de absoluta inminencia.

Los Estados Unidos de América y el mundo civilizado se encuentran actualmente en Estado de Sitio.

10 de julio de 2014

www.cubasegundomilenio.com

Todos los Derechos Reservados

calderon and bushBarack Obama, Felipe Calderon


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