El Ultimo Viaje de Baltasar a Cuba

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El Último Viaje de Baltasar a Cuba

Por Luis F. Brizuela Cruz

Algunos estiman que su último viaje a Cuba fue al final del año 1967. Otros, entre los que me incluyo, alegamos que ya desde 1964 no se le vio más por aquellos rumbos; que tal vez los demás se equivocan y a quien vieron era alguien parecido a él.

 Después de la intervención contra los grandes capitales durante los primeros años de la revolución castrista, en la primavera de 1968 el gobierno cubano efectuó la llamada “Ofensiva Revolucionaria”, con la expropiación de todos los pequeños negocios de la isla. Desde entonces, el estado fue el dueño absoluto de todos los medios de producción y servicios. A Baltasar, quien tenía una estrecha relación con los comerciantes cubanos y parecía disfrutar del capitalismo de la libre empresa -o aquel que guardaba cierto parecido con él- definitivamente ya nadie lo vio al finalizar el 1968 desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí.

De Baltasar, aunque hablaba un español con acento castellano, siempre se decía que sus antepasados provenían de Babilonia, cuna de la civilización y el comercio. Solía arribar a Cuba casi al final de cada año. Venía usualmente acompañado de dos amigos, aunque en una ocasión, a mediados de la década del cincuenta, eran tres sus acompañantes. Fue el periodo de mayor prosperidad económica para la isla nación y Baltasar tuvo que auxiliarse de tres socios para llevar a cabo sus asuntos. Desde el día después de la Noche Buena hasta el 5 de enero de cada año se les veía a Baltasar y a sus colegas sumamente atareados, visitando los establecimientos, dialogando con los comerciantes y tomando inventario de los productos que atestaban las tiendas cubanas antes de 1959. Era obvio que aquellos individuos con rasgos del Medio Oriente eran altos conocedores del comercio y posiblemente hacían la mayor parte de su negocio durante las festividades de fin y principio de año.

Por lo general, se les dejaba de ver después del mediodía de cada cinco de enero y muchos asumían que era entonces que se regresaban a su país de origen, después de su exitosa campaña empresarial. Existían rumores, sin embargo, que a Baltazar y a sus acompañantes se les veía rondando algunos barrios tarde en las noches de los cincos de enero o en las madrugadas del siguiente día, vestidos de trajes tradicionales de su tierra, como en celebración del éxito logrado durante su estancia en Cuba. Los que clamaban haberlos visto se preguntaban por qué estos extranjeros parecían deleitarse visitando las zonas pobres y por qué hacían estos recorridos en camellos con alforjas abultadas que sustituían por esas horas los lujosos vehículos donde se transportaban durante los días anteriores. Tal vez por respeto a lo foráneo, o a la antigua tradición bíblica de los Tres Reyes Magos que habían venido del oriente a traer sus ofrendas al Cristo nacido, nadie nunca se atrevió a cuestionar las peculiaridades nocturnas de aquellos visitantes anuales a la isla. Se trataba, sugerían muchos, de su manera personal de observar dicha tradición, la cual había sido adoptada por gran parte del planeta con el cursar del tiempo.

La población cubana se encontraba entre las sociedades acogidas a la festiva tradición con matices religiosos que incluía, en congruente secuencia, la Noche Buena, como la víspera del nacimiento de Jesús el Cristo, el Día de la Navidad, donde todos desde el amanecer festejaban el acontecimiento de la noche anterior, la Despedida del envejecido Año y el comienzo del Nuevo. Arribábamos entonces al día de mayor expectativa: el 6 de Enero, Día de Reyes. Se intercambiaban regalos entre los adultos de similar manera a como se hace en otros países el 25 de Diciembre, Día de Navidad, pero eran los niños, sin duda alguna, los más agraciados por la tradición. Con el mismo nerviosismo feliz que muchos niños a través del planeta suelen mostrar con la anticipación de la llegada de Santa Claus durante la víspera de la Navidad, los niños cubanos de la era pre fidelista aguardaban ansiosos, desde la noche del cinco de Enero la llegada de los Tres Reyes Magos que traerían los juguetes citados en sus inocentes cartas escritas durante el mes de Diciembre. La mañana del 6 de Enero se vestía de absoluto regocijo y febriles emociones a lo largo de la isla; desde los hogares de mayor opulencia hasta los más humildes. Cada niño o niña despertaría temprano esa mañana para encontrar los juguetes que los Reyes habían depositado debajo de sus camas o en torno al arbolito navideño. Si algunos de los pedidos preferenciales no resultaban concedidos con plena exactitud, de alguna forma todos los niños cubanos encontraban otras opciones de regalos, por lo menos de los mencionados de manera secundaria en sus misivas a los Reyes. Los niños y niñas jugarían hasta el anochecer y hasta el cansancio en las casas y en las calles de Cuba y cada año la hermosa tradición habría de continuar hasta la llegada del castrismo.

Lo recuerdo tan vívidamente como cualquier otro evento que marcara alguna etapa de mi vida y que ayudara, para bien o para mal, a forjar mi personalidad. Con el correr del tiempo logré corroborar con mis padres y tía la exactitud de la fecha. Ocurrió en los últimos días del año 1963 y yo tenía seis años. Fue la primera vez que participé en lo que podríamos llamar un consejo de familia. La última en llegar a la casa del trabajo ese día fue mi tía María y mi padre me llamó a la sala donde se encontraban sentados mis tres mayores. He recreado las palabras de mi progenitor aquella tarde ayudado por su eco que aún resuena en mis oídos y cuyo impacto sobre la infante armadura de mi psique me obligara a crecer súbita y emocionalmente a partir de ese instante:

-Luisi, queremos conversar contigo sobre algo que los tres pensábamos no ocurriría siendo tu aun tan niño. Los Reyes Magos son reales y como hacen cada año, pasarán a dejarte a ti y a todos los niños y niñas algunos de los regalos que han pedido. Pero resulta que nosotros los padres siempre hemos trabajado con los Reyes en la realización de los deseos de todos ustedes. Como podrás imaginar, por muy grandiosos y mágicos que son los Reyes Magos, ellos tienen que atender los pedidos de millones de niños y niñas de todo el mundo. Por eso es que los padres y familiares de cada niño ofrecen su ayuda a los Reyes y de esa forma se cumplen la mayor parte de los deseos. Algo que tal vez eres muy niño para entender es que para nosotros los cubanos la situación ha venido cambiando en los últimos años y ya no se encuentran muchos de los juguetes en las tiendas, de manera que nuestra parte del compromiso con los Reyes no la podemos cumplir como en años anteriores. El Día de Reyes tendrás algunos regalos, sin duda, pero tal vez sean un poquito diferentes a los que has pedido. Gracias a que Melchor, Gaspar y Baltasar pueden aun hacer su parte, de alguna manera, siempre seguirá habiendo un Día de Reyes-    

Mi padre no pudo haber sido más persuasivo y convincente, pero recuerdo que mientras escuchaba sus elocuentes palabras se me formaba un nudo en la garganta, seguido por unas ansias de llorar. Logré por primera vez sobreponerme a la pena más grande que había hasta entonces invadido mi mundo de sueños y fantasías infantiles, pero aunque contuve mis lágrimas y sin claramente comprender esa nueva faceta de la vida, la decepción y el enfrentamiento a la realidad habían quedado incorporados al ser que constituía mi persona.

Aquel Día de Reyes de 1964 tuvo cierto aire de solemnidad en medio de las alegrías. Como los niños y niñas que éramos, no recuerdo que ninguno hablara de los cambios que habían ocurrido en la celebración del día de mayor felicidad para nuestra inocencia. No obstante, retrospectivamente hoy advierto que había cierta complicidad que tornaría los mágicos colores de aquel 6 de Enero en el sepia de nuestras vidas posteriores en Cuba. A pesar del incalculable esfuerzo de nuestros padres y familiares, la niñez cubana había perdido gran parte de su ingenuidad e inocencia.

Todos fuimos creciendo y con esa exclusiva capacidad del ser humano de rebasar los sinsabores y procurar nuevos alicientes -moldeados a manera de nuestra predilección a pesar de las adversidades- seguimos forjando quimeras dentro de la vorágine de la patria secuestrada. Para algunos los sueños lograron equipararse con las extrañas pero justas realidades de un temprano destierro salvador. Para los que quedaron detrás no hubo más que pesadillas el resto de sus vidas y otros encontraron algún tipo de redención y recompensa muy tarde, cuando ya sus reprogramadas mentes y voluntades habían perdido gran parte de la capacidad de asimilar cualquier triunfo material o espiritual.

Tantos años después, la evidencia acumulada contra la miseria moral que genera la infamia abominable del castrismo -y todos los ensayos socialistas comunistas universales- ha resultado contundente. No obstante, siguen siendo muchos los que persisten e insisten en alentar esta fracasada ideología que de forma definitiva contradice la idiosincrasia del ser humano.

Los eventos ocurridos en Cuba, desde la obcecada infatuación de una sociedad pujante y altamente próspera con una errónea ideología, hasta las desbastadoras e insuperables consecuencias morales y espirituales creadas por tal credo, habrán de tener siempre un sitial deshonroso en los anales de la historia. Los daños irreparables causados  en la isla caribeña se han venido manifestando -de forma crónica por más de medio siglo- en desidia, vulgaridad, atropellada y despiadada sobrevivencia y el aniquilamiento de las tradiciones y costumbres que solían encausar a la sociedad cubana antes de 1959.

Ya para mediados de la década de los sesenta, cuando las arcas de la nación y los inventarios de las lujosas y prósperas tiendas cubanas quedaron extintas ante el desacertado manejo del estado invasor e inepto, muchas celebraciones tradicionales como el Día de Reyes dejaron de ser lo que habían sido. Años después la memoria de los Tres Sabios del Oriente que traían regalos a los niños se fue disipando con el arribo de cada nueva generación de cubanos en cautiverio y la influencia de la retórica secularista comunista.

En lo personal, mi vida fue otra a  partir de aquellos días finales de 1963. Tal vez por eso es que comparto con otros la noción de que ya para el Día de Reyes de 1964, al verdadero Baltasar y a sus acompañantes no se les volvió a ver por Cuba.

Three Wise Men


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