Después de la Celebración

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Después de la Celebración

Por Luis F. Brizuela Cruz

Los festejos de la villa espirituana habrán de proseguir más allá del verano; tanto en el lugar oriundo de los hechos como en el terruño que muchos hemos recreado, en la diáspora, con la constancia de nuestro lejano amor y nuestra nostálgica imaginación. Nada más apropiado que ello. No es frecuente que un pueblo, una ciudad y hasta un país celebre cinco siglos de su fundación histórica y menos común si el lugar ostenta la distinción de ser una de las primeras fundaciones después del descubrimiento de lo que entonces era el Nuevo Mundo.

Inundados en emociones propias de ese vínculo misterioso que ata a casi todos los seres humanos al proverbial “punto de partida”, todos hemos encontrado afinidad hasta en la discordia. Relegadas a un segundo plano han quedado, temporalmente, las convicciones y razones que bifurcaron un mundo como consecuencia de los caprichos e incoherencias de un tirano. Hasta las polémicas charlas en persona y a través de las redes sociales han terminado casi todas encontrando causa común ante la emotiva solemnidad del singular festejo. Hasta yo, el envejecido niño que jamás volvió, liberé la intransigencia de ciertos estigmas y posturas para sucumbir ante la inspiración durante la semana de la conmemoración con mi humilde poema, “Celebración”:

Cinco siglos de almas,

congregadas hoy en el parque de mi nostalgia espirituana.

Mi ciudad está toda maquillada y hermosa para su fiesta.

Aquí están todos, hasta los que nunca conocí.

La anciana madre parece inclinarse y emite una tenue sonrisa de orgullo.

Es la primera y quizás la última vez que verá a todos sus hijos juntos, porque hoy, al menos por un breve instante, no hay distancias, ni destierros, ni causas o razones.

Mi Sancti Spíritus y el otro, el de mi imaginación, están ambos de fiesta.

Sigo mirando a mí alrededor y creo que aquí estamos todos.

Creo que solo falta la Patria.

La carencia de Patria nos habrá de devolver a nuestra realidad innegable; la que se yergue sobre nuestras euforias y alegrías transitorias y vuelve a aguijonar nuestro espíritu y a perturbar nuestro sueño.  Es difícil prolongar en nuestras mentes y en nuestros corazones la indulgencia de cualquier deleite si nos falta la Patria. Es como el vacío desconsolador del miembro amputado o el ser querido que se ha marchado, cada vez que advertimos su inminente ausencia. Es el desconcertante recuerdo de nuestra complicidad en una infamia, cuyo castigo es nuestro perenne derrotero. Ningún festejo perdura si falta la Patria, aun para los más fuertes y soberbios o aquellos que claman inmunidad ante las comunes incertidumbres humanas.

Después de la Fiesta, poco a poco nos iremos todos devolviendo a nuestra aflicción singular y colectiva de desarraigados históricos o modernos -voluntarios o accidentales.  Y nuestro Sancti Spíritus y nuestra Cuba también retornarán a la celda de su ultrajada historia.

11 de Junio de 2014    Todos los Derechos Reservados

www.cubasegundomilenio.com

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