Cuba, un paso más cerca de ser la nueva Rusia

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Cuba, un paso más cerca de ser la nueva Rusia

(Actualizado Enero 15, 2915)

Por Luis F. Brizuela Cruz

La asignación formulada este pasado diciembre por el Presidente que hace siete años prometió, entre tantas otras cosas, reducir o eliminar la adulteración de legislaturas y leyes con “intereses especiales” habrá de tener enormes y posiblemente desastrosas consecuencias en el futuro de Cuba.

El Presidente Barack Obama ha vinculado de forma deliberada la exhortación sobre relaciones con la tiranía cubana a la liberación de Alan Gross por parte del gobierno de la isla y al implícito canje de varios prisioneros. Dicha propuesta, envuelta en el evidente delirio de grandeza y la habitual postura dictatorial del mandatario estadounidense, podría o no encontrar aprobación total o parcial dentro del andamiaje político de los Estados Unidos, particularmente ahora que el Presidente enfrenta un Senado y un Congreso mayoritariamente republicanos, pero de manera definitiva impacta el futuro socioeconómico de la aturdida nación caribeña. Un encuentro entre Obama y Raúl Castro ha sido acordado para abril de este año, donde se tratará de dar mayor oficialidad a las negociaciones entre los dos países, aprovechando estratégicamente la Cumbre de las Américas en Panamá.

Un poco después de su pronunciación a fines del pasado año y exhibiendo su típica premeditada ambivalencia, el supuesto líder del “mundo libre” admitió a la cadena de televisión ABC que no esperaba cambios en la política del gobierno cubano como resultado de las negociaciones llevadas a cabo entre una dictadura de más de medio siglo y la democracia norteamericana. El Presidente estadounidense se hacía eco de similares declaraciones hechas por Raúl Castro en la Habana. Obama desacertadamente señaló que la apertura de relaciones habrá de beneficiar eventualmente a los ciudadanos de la isla, a medida que el capitalismo vaya penetrando la fracturada economía cubana.

Ya desde hace algún tiempo, una voraz, elitista y delictiva versión de capitalismo se ha venido cerniendo sobre el lúgubre panorama de la isla: una espeluznante réplica del tipo de capitalismo que temiera confusamente Marx y el cual, irónicamente, ha corroído la infraestructura de la desintegrada Unión Soviética. Cuba se encuentra en el umbral de convertirse en un micro cosmos de la nueva Rusia gansteril. La evidencia de tal fenómeno sociológico la encontramos en nuestro cotidiano vivir, incluso en la diáspora, donde a través de las últimas décadas muchos elementos delictivos han ido arribando, envueltos algunos en la interrogativa si vienen o no asignados por las huestes castristas para ir preparando el terreno de las futuras, ahora inminentes, negociaciones entre Washington y la Habana.

Rasgos iniciales de esta implacable forma de capitalismo socialista, celosamente controlado por el estado, se han visto también claramente en Cuba durante las últimas dos décadas; consecuencia directa de las aperturas realizadas por el régimen castrista posterior a la desaparición del subsidio soviético. El personal que constituye este complejo submundo económico comunista incluye elementos de varios niveles del gobierno cubano -y probablemente del norteamericano- algunas inescrupulosas empresas internacionales e inversionistas cubanos del exilio histórico y reciente, quienes en un momento dado escaparon de la tiranía y ahora retornan con el fin de explotar las fáciles opciones y la mano de obra barata que auguran los cambios. Este despiadado y turbulento montaje lo completan “bisneros” y “cuentapropistas” (empleando palabras del nuevo léxico cubano) de menor escala, tanto de la isla como de la diáspora, que carecerían de la capacidad necesaria para competir dentro de las normas y parámetros legales del capitalismo tradicional. Es indispensable mencionar que además de los criminales y asesinos internacionales que por décadas han encontrado santuario en la Isla del Difunto Doctor Castro, elementos delictivos de menor escala y prófugos de la justicia estadounidense (muchos de ellos cubanos) se han venido refugiando dentro de la guarida que ofrece el corrupto gobierno  cubano. Son conocidos los casos de muchos de estos individuos quienes manejan “negocios irregulares” en Cuba, amparados por el estado cubano y patrocinados por ilusos familiares e ingenuos socios aspirantes desde afuera.

Esencialmente, la divulgación a fines del 2014 del acuerdo que indudablemente se venía gestando desde hace ya algún tiempo lo que hace es otorgar autoridad y licencias “oficiales” (o imaginarias)  a una multitud de turbios caracteres dentro de las sociedades cubana y estadounidense para permitirles operar con absoluta impunidad. Crea también una falsa expectativa para muchos ciudadanos de ambos países acerca de un futuro digno y próspero, lleno de oportunidad individual y colectiva de progreso en la isla que continua sitiada y monopolizada por una hermética e inflexible dictadura. Finalmente, profana la memoria de la larga lista de víctimas de una de las más grandes infamias del siglo veinte; algo sobre lo que el actual mandatario norteamericano no parece mostrar sensibilidad alguna, en medio de una ofuscación personal que probablemente proviene de la fusión entre una ideología visceral socialista y una subconsciente admiración y envidia por la omnipotencia de las auto justificadas dictaduras de izquierda.

Es sensato deducir que cualquier tipo de suero capitalista podría ayudar a mostrar ante los ojos del mundo una Cuba en estado convaleciente, con perspectiva inclusive de una considerable recuperación material a largo plazo. Sin embargo lo que la mayoría no podrá advertir de inmediato es que, bajo un mismo sistema de gobierno totalitario que sigue estableciendo las leyes a su antojo, las secuelas del cáncer que ha venido afligiendo al paciente por más de medio siglo, ya han causado y agudizarán un irreparable daño antropológico  que ninguna forma de capitalismo podrá curar jamás.

Barack and Raul

 


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