Cuba, el Cuarto Mundo

Share the joy
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Cuba, el Cuarto Mundo

Por Luis F. Brizuela Cruz

Desde hace algún tiempo he venido tratando de desarrollar el argumento, entre seguidores y contrarios, que Cuba es la más singular y mayor representación de lo que se ha llegado a definir cosmológicamente como el “Cuarto Mundo”.

Wikipedia, la enciclopedia libre, plantea que “el término “Cuarto Mundo” se refiere a la población que vive en condición de desprotección, marginación o riesgo social en áreas pertenecientes al mundo industrializado”. Este término y el concepto que lo acompaña son atribuidos al Padre Joseph Wresinski, quien dedicara gran parte de su vida a destacar la pobreza dentro de países del “Primer Mundo”.

Con el fin de asimilar el completo bosquejo de los “Mundos”, debemos entender que el “Tercer Mundo” consiste de los países más pobres de la Tierra, los cuales nunca han dejado de serlo. El “Segundo Mundo” incluye países con economías emergentes -aun mediante códigos atropellados como China, India, Brasil y México, por citar algunos- y otros que, dentro de un progreso relativo, forman una oposición estrictamente ideológica al “Primer Mundo” capitalista, mientras incurren en su propia forma de capitalismo estatal o controlado celosamente por el Estado.

Cuando hablamos de Cuba, mi más llana y elemental versión de esta explicación consiste en que es inadecuado colocar a la mayor isla del Caribe dentro de la categoría de Tercer Mundo precisamente porque se habla de un país que para 1959 se hallaba casi totalmente industrializado, disfrutaba de un alto nivel de desarrollo económico, cultural y educativo, con un segmento relativamente pequeño de la población apartado de dichos progresos, pero no totalmente imposibilitados de acercarse a ellos. Las estadísticas que datan de ese tiempo, previo a la revolución y que portan la legitimidad que solo se logra cuando a organismos internacionales e independientes les es permitido escrutar a las naciones libres, así lo reflejan. Cuba, antes del castrismo, encabezaba la lista de países latinoamericanos en casi todas las categorías de adelanto social y calificaba a honrosa distancia de muchas de las naciones más avanzadas del planeta.  En la actualidad, después de más de medio siglo de desgobierno, una Cuba totalmente arruinada materialmente y ultrajada de su moralidad y principios no reúne ni siquiera el criterio para ser piadosamente ubicada en el Tercer Mundo o mucho menos en el Segundo. Su caso sui generis la categoriza como país que fue y ya no es, que tuvo y ya no tiene; por lo tanto donde único encaja, de manera inequívoca, es dentro de la absoluta definición de una población, casi generalizada, del Cuarto Mundo.

Durante mis primeras incursiones en las pioneras redes sociales espirituanas, contribuí un artículo titulado “Las Escasas Fotos de los Sesenta y los Setenta”, donde aludía a las cámaras fotográficas carentes de rollos y las presilladoras desprovistas de presillas que habían pasado a ser la norma unos años después del triunfo castrista; consecuencia directa del allanamiento de la empresa privada por parte del gobierno y la incapacidad del mismo en reabastecer objetos tan elementales como los antes mencionados.  Casi de inmediato, proveniente de la apertura otorgada por los administradores de las redes sociales en cuestión para ciertos elementos subversivos de la isla -a sabiendas ellos que la participación de éstos requiere el consentimiento exclusivo (o planeamiento) gubernamental castrista- mi escrito fue ripostado por un notorio periodista espirituano al servicio del sistema, donde este personaje alegaba que si yo desconocía que existían países en el mundo donde sus habitantes jamás habían visto una cámara de fotografía o una presilladora. No hubo tiempo de refutar como era debido el incongruente alegato del lacayo fidelista, puesto que casi de inmediato los administradores de las redes sociales optaron por refugiarse detrás de la coraza “apolítica” que tanto daño histórico le ha causado a la evolución cubana, decretando que los foros de esta índole estaba diseñados para actividad estrictamente social, no política. El emisario del gobierno comunista de la isla ya había, sin embargo, derramado el veneno con su mensaje de incoherente fraternidad socialista, con el que suelen nutrirse los ideólogos de la izquierda improductiva. No es menos cierto que dentro del Tercer Mundo existen infinidad de personas que jamás han visto o funcionado una cámara de fotografía o una engrampadora, sin embargo es de mayor veracidad que en la Cuba pre-castrista hasta los más pobres podían al menos aspirar a poseer estos artefactos, en la mayoría de los casos con un poco de esfuerzo, organización y tenacidad de su parte. A partir del secuestro de Cuba por las huestes castro-comunistas, hasta aquellas  que habían pasado a ser las más elementales posesiones del ciudadano promedio de la isla se fueron alejando cada día más y más de la vida cotidiana, quedando éstas reservadas exclusivamente para la élite gubernamental.

Aunque el próximo planteamiento que provendría de los secuaces del fallido sistema sería que el embargo estadounidense ha sido el factor causante de la carencia y escasez de la ciudadanía cubana, la evidencia acumulada, particularmente durante las últimas tres décadas, deja casi inválido tal alegato. Dependientes primero del subsidio soviético y posteriormente de la ayuda procedente de un exilio que ha encontrado muy poca resistencia de los Estados Unidos para extender sus bondades humanitarias hacia sus familiares en la isla cautiva, todo tipo de impedimento ha sido el resultado directo de la total incapacidad del comunismo de crear bienestar social en todos los ensayos vistos a lo largo de la historia universal. Las cámaras de fotografías y las presilladoras, al igual que los refrigeradores, las lavadoras y secadoras, los televisores y muchos otros utensilios burgueses han retornado a la Cuba saqueada por el gobierno fidelista-comunista, solamente cuando dicha tiranía ha accedido a producir una apertura, buscando desesperadamente una manera de prolongar su poder. Con la excepción de la cúpula gubernamental, todos los habitantes de la isla estuvieron totalmente desprotegidos, marginados o en absoluto riesgo social dentro de un Cuarto Mundo hasta los primeros Viajes de la Comunidad, a fines de los setenta, cuando los exiliados de las primeras dos décadas del castrismo regresaron portando artículos y provisiones de elemental naturaleza  que resultaban tesoros para  la vedada población de la isla.

Desde entonces, un modesto segmento de la población ha logrado emerger de las depravantes profundidades materiales, sacudir ciertos estigmas como el Síndrome de Estocolmo y vencer algunos de los traumas causados por la represión y aislamiento a los que ha sido sometido por el castrismo, pero un alarmante porcentaje carente de ayuda del exterior continúa mal viviendo en el sui generis Cuarto Mundo de la isla que una vez supo de abundancia, auténtica excelencia médica, destacada educación y elevadas normas de preservación ambiental y salubridad.

Entre las muchas adversas y falaces propagandas promulgadas por el socialismo internacional y sus diversas bases satélites en la forma de organizaciones como la ONU y WWF (siglas en ingles del Fondo Mundial para la Naturaleza), esta última ha señalado, en acorde con datos proporcionados por el mismo gobierno cubano, que en la actualidad Cuba es el único país del mundo que cumple los dos criterios de “desarrollo sostenible”, es decir desarrollo humano alto y huella ecológica sostenible. La cruenta realidad “cuarto-mundista” de Cuba es que durante el transcurso de varias generaciones el “subdesarrollo sostenido” en cuanto a la escasa y pobre alimentación de la población ha venido produciendo deficiencias de salud con marcado impacto en la configuración genética del habitante de la isla. De forma característica, el hermético sistema opresivo de Cuba ha hecho lo indecible por mantener ocultas esta y otras alarmantes realidades, pero ya ha comenzado a surgir evidencia científica acerca de estos casos de involución fisiológica colectiva. El brote reciente de cólera y dengue en Cuba, más notable en la zona central de la isla que incluye a Sancti Spíritus –derivado entre otros factores de condiciones sanitarias deficientes y un ascendente hacinamiento- decisivamente ya sobrepasa las incidencias aisladas del pasado y muestra características de posibles contaminaciones epidémicas para toda la isla.

Resulta comprensible que las crisis antes mencionadas sean comunes en países que no han logrado rebasar las miserias y calamidades del Tercer Mundo. De hecho, en las últimas seis décadas el mundo ha presenciado el progreso paulatino de muchos países emergentes que han podido hacer la transición hacia un mayor nivel de salubridad y otros mejoramientos en diversos aspectos como la vivienda e infraestructura. Esto mientras un país como Cuba, que hasta el 1959 ya formaba parte del llamado Primer Mundo, yace estancado en las más desconcertantes calamidades de una Cuarta Dimensión socio-ecológica que dista mucho, no solo de su próspero pasado, pero de la ficticia imagen que la desacertada y fanática izquierda ideológica persiste en proyectar.

Crumbling Havana

Cuba podría sel el ejemplo más notable de un país que pasó del Primer Mundo al Cuarto.


Share the joy
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •