Creciendo Americano, con un Corazón Cubano

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Creciendo Americano, con un Corazón Cubano

Por Luis F. Brizuela Cruz

La pasada semana, en un mismo día,  participé en dos entrevistas que llevaban casi el mismo propósito inicial, pero que terminaron adaptándose, como debe ser, a la preferencia innata de cada interlocutor y también a ciertas  variantes que reclama la postura social de los tiempos. Alina, a quien tuve el honor de conocer esa mañana, trabaja en su tesis universitaria, en la cual habrá de incorporar historias y entrevistas con cubanos, como ella, llegados al exilio durante las primeras décadas del castrismo. En la sesión de la tarde me visitó en mi negocio Christian, un amigo peruano dedicado al periodismo, quien entrevista cotidianamente a comerciantes, deportistas, políticos, artistas y otras personas destacadas dentro de la comunidad hispanoamericana del noreste estadounidense.

Para Alina la misión es doble. Ha retornado a sus estudios superiores -después que su esposo y ella han encaminado a sus hijos- con el fin de ampliar su expediente académico y como tema de su tesis ha seleccionado revelar al mundo los testimonios de varios cubanos, quienes han vivido la mayor parte de sus vidas en los Estados Unidos. Los sujetos de sus entrevistas incluyen protagonistas del éxodo conocido como “Pedro Pan”, a principios de los sesenta, cuando cientos de padres optaron por enviar a sus hijos solos hacia la custodia de familiares o caridades católicas en los Estados Unidos, para prevenir que sus muchachos resultaran víctimas de la doctrina comunista que los líderes de la revolución castrista habrían de implantar en la mayor isla del Caribe. Incluidos también en sus entrevistas estamos algunos de los venidos a tierras de libertad por otras vías como “Camarioca”, los “Vuelos de la Libertad”, “España”, “Mariel” o sobrevivientes de la peligrosa trayectoria en todo tipo de embarcaciones a través del Estrecho de la Florida.

No fue hasta bien adentrada la entrevista que le revelé a Alina mi vocación literaria y le sugerí que revisara mi blog para reforzar muchos de los puntos que habíamos cubierto en nuestro ameno diálogo, durante el cual resultaba evidente la emoción invertida en la tarea asignada; mucho más allá del acometimiento del requisito académico. Alina me comentó que aspiraba a que su trabajo sirviera como una ilustración para tantos que ignoran el proceso cubano, particularmente en este crucial momento en que se ventilan negociaciones y reconciliaciones con la incongruente e inflexible tiranía que ha esclavizado o desarraigado al pueblo de Cuba por casi seis décadas. Particularmente mis historias sobre la “Escuela en el Campo” y la “Autobiografía de un Reloj Poljot” -esta última directamente relacionada con nuestra última noche en la infame “Pecera” de Varadero en espera del vuelo hacia los Estados Unidos a la mañana siguiente- parecieron reafirmar el propósito y las convicciones de Alina. Una vez más, dos exiliados cubanos intercambiaban impresiones e historias comunes acerca de uno de los experimentos sociopolíticos más maquiavélicos en la historia de la humanidad.

Pasado el mediodía arribaba Christian, con su habitual entusiasmo, pero cuidadoso a la vez de que la entrevista que estaba a punto de realizar no tomara un camino totalmente político, como suele ocurrir cuando se exaltan las pasiones sobre el complejo tema de Cuba. Christian me conoce, primordialmente a través de mis ensayos y siempre se excede en sus halagos sobre estos. Creo además que lo que logró persuadirlo de que la entrevista podía ser con mesura de pasiones y parcialidades fue precisamente el empeño de justicia que trato siempre de verter en mis testimonios y filosofías. He llegado al convencimiento que solo un planteamiento objetivo y mesurado sobre nuestro sui generis caso podría acercarnos al umbral de la restauración de un mejor porvenir para nuestra ultrajada cultura. Tratar de entender el proceso que nos ha traído a la desconsoladora actualidad de nuestra estirpe debe ser el fundamento de todo acometimiento. Mirarnos en el espejo de nuestra fracturada historia y reflexionar acerca de los múltiples defectos de nuestra a veces paradójica idiosincrasia es el primordial requisito para poderla enmendar. Sin embargo, capitular frente a un tirano renuente a aceptar y rectificar su fechoría, mientras se aventaja de la ceguera ideológica –y hasta la admiración- de un gobierno socialista estadounidense, debe quedar establecido que no forma parte de sensatez alguna a la hora de querer acometer el problema de Cuba. No obstante, estas fueron algunas de las preguntas y respuestas durante la entrevista de Christian:

Luis, quisiera que la entrevista no fuera tan política.

Es difícil, Christian, ser cubano y no tocar la política.

¿Cuándo y a qué edad viniste de Cuba?

En 1971 y tenía catorce años. Estás en presencia de un ganador de una lotería. Si hubiera cumplido los quince  años en Cuba no hubiera podido salir. En ese momento hubiera pasado a ser propiedad del estado.

Has vivido prácticamente toda tu vida de adulto en los Estados Unidos. ¿Cómo reconcilias tu identidad?

He crecido americano, con un corazón cubano.

¿Has vuelto a Cuba?

No, no podría, mientras Cuba no sea verdaderamente libre. Regresar sería traicionar honor y principios. Sería profanar la memoria de los muertos y afectados por una de las tiranías más largas de la historia. La definición de libertad, sin embargo, no es igual para todos los cubanos. De hecho, los cubanos hemos sido divididos en tiempos de exilio y por consiguiente hemos sido divididos. Me aseguro en reconocer la posibilidad de que si hubiera permanecido en Cuba una, dos o tres décadas más, mi razonamiento podría ser el del cubano llegado en épocas más recientes. La reprogramación a la que varias generaciones han sido sometidas es determinante en el sentir y el pensar.

¿Sueñas con Cuba?

¡Siempre! Es mi derrotero.

¿Le hablas a Cuba?

No sabría que decirle.

Escribir es tu pasatiempo y tienes una pluma privilegiada. ¿Cómo manejas tu tiempo de trabajo y tu hobby?

Gracias por el halago. Creo que he mejorado algo a medida que escribo más. Siempre recuerdo las palabras de nuestro Apóstol, José Martí: “Hecho está el pan, hágase ahora el verso”.

Dos entrevistas en un día de crecimiento emocional y espiritual. Revelador también de la diversidad de ideas y las distintas maneras en que los seres humanos podemos percibir el mismo panorama a nuestro alrededor, basados fundamentalmente en nuestras experiencias personales y colectivas. Alina hizo mención de “nuestra novela cubana”, la cual muchos desconocen y otros desestiman porque no son tampoco pequeñas sus propias historias individuales y sociales. Creo que la mayor revelación de este día fue que existe un lugar sobre la faz de la tierra donde aún late la esperanza, donde todavía son libres los sueños y  cada uno de nosotros, los peregrinos del planeta, podemos contar y compartir, de forma apasionada o civilizada, nuestras historias personales y colectivas.

¡Que la voluntad más justa y suprema siempre proteja y rija a estos Estados Unidos de América!

www.cubasegundomilenio.com

20 de abril de 2015

Todos los Derechos Reservados

 

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