Anatomía de una Tragedia Cubano-Americana

Share the joy
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Anatomía de una Tragedia Cubano-Americana

Por Luis F. Brizuela Cruz

El relato que sigue fue encontrado entre las pertenencias de un anciano cubano, recientemente fallecido en un nursing home del noreste estadounidense. Estaba mecanografiado utilizando una máquina de escribir, obsoleta desde hace ya varias décadas:

“He vivido lo suficiente para haber visto la completa transformación de una cultura y para presenciar el comienzo del cambio de otra. Como cubano que buscara verdadero asilo político en los Estados Unidos en 1964, he sido testigo, dolorosamente, de la involución total de la sociedad de la que provenimos y de la enorme disparidad entre el impacto que el trasplante de la misma causara en nuestra patria adoptiva, los Estados Unidos, durante las tres primeras décadas de éxodo y las tres últimas. Cada vez que acometo este tema, me gusta aclarar que pienso en todas las generaciones de cubanos, partiendo desde el triunfo de la revolución castrista, como víctimas primordialmente del despotismo y los caprichos de un maniático. No es menos cierto que las generaciones previas aportaron -a veces subconscientemente- a la hecatombe que vendría, con su descuido político y tan característico de nuestra estirpe, al igual que nuestras tendencias pachangueras. Sin embargo, si Castro y sus secuaces allegados no hubieran convertido la política desorganizada de nuestra era republicana en una despiadada dictadura que se ha extendido por más de medio siglo, tal vez esas mismas generaciones que nunca tuvieron un chance legítimo de desarrollarse y evolucionar socialmente podrían haber encontrado la fórmula de enmendar los errores de nuestro pasado y llevarnos a la meta del triunfo que desde muchos ángulos se divisaba durante la década de los mil novecientos cincuenta. Considero de extrema importancia además aclarar que nuestro comportamiento, al igual que los abismos generacionales del mismo, responde de forma irrefutable al proceso que a cada grupo afectado le ha tocado vivir y sobrevivir. Cada década de abominable castrismo ha ido arrojando capas de desidia sobre la humanidad de los cubanos, desproveyéndolos simultáneamente de muchos de los valores morales y las normas en torno a las cuales se forjan las sociedades evolutivas. Esencialmente lo que nos separa a muchos de los cubanos no es otra cosa que el fortuito evento de un éxodo a tiempo o a destiempo. Cuba es la manifestación definitiva del fracaso de una desacertada ideología, combinada con una de sus más maquiavélicas  aplicaciones. Permitiéndome el uso de un antiguo cliché, reafirmo que si los cubanos de ahora hubieran vivido nuestra época, se hubieran comportado y manifestado como nosotros lo hicimos y si los de nuestra época hubiéramos sido el sujeto de la reprogramación social a la que los de ahora han sido sometidos, pensaríamos y actuaríamos de la manera en que ellos lo hacen. Nuestra historia está repleta de cómplices, pero existe un principal culpable absoluto: Fidel.

Desafortunadamente, al igual que ha ocurrido con muchas otras culturas emigrantes durante los últimos 25 ó 30 años, nuestros fracasados métodos sociales han sido exportados hacia los Estados Unidos. Las consecuencias de tal infiltración, combinadas con el actual proceso degenerativo de esta gran nación, han ido minando sus riquezas y grandezas. Con definitivas excepciones en las diversas etapas de nuestra inmigración, el modus operandi de los nuevos “exiliados” cubanos tiende a la substracción de las arcas del país. Una tendencia que se deriva primordialmente de la cultura de robo y delincuencia alentada por las condiciones creadas por el castro-comunismo e incitada en tiempos recientes por las prácticas socialistas del  gobierno estadounidense. El gran porcentaje de los cubanos que llegaron a esta tierra de promisión durante las tres primeras décadas de Castrismo contribuyeron de forma decisiva al engrandecimiento de la sociedad norteamericana y existen las pruebas estadísticas para respaldar esta declaración. Los llegados durante las últimas tres décadas han encontrado un reducido campo de posibilidades, son hijos de la sobrevivencia crónica e indisciplinada –inducida por la abominación comunista- y han arribado a unos Estados Unidos con inclinaciones cosmológicas hacia el control estatal disfrazado de paternalismo, el cual somete a los ciudadanos a la dependencia y la desmotivación.

Recuerdo muy bien las experiencias de los cubanos que llegaron en la década del sesenta y la rapidez con la que se sumían a las fuerzas laborales, en infinidad de ocasiones descendiendo en los puestos y hasta en la naturaleza de los trabajos que tomaban.  Con escasas excepciones, para estos cubanos la dependencia en el gobierno era a lo sumo una opción temporal, hasta que lograban encaminarse y demostrar a la nueva sociedad en la que habían ingresado su capacidad de autosuficiencia y deseos de progreso. Conocí específicamente a esta familia de un joven de catorce años que vino con sus padres, ambos un poco ya avanzados en edad y quebrantados de salud, al principio de los setenta. Durante sus años universitarios escuché de los labios de ese joven su incomodidad en recibir ayuda financiera para sus estudios, mientras veía como muchos de sus compañeros pagaban por su educación –todos ellos hijos e hijas de inmigrantes cubanos de diversas clases sociales en la Cuba pre-castrista. Fui testigo en una ocasión a principio de los ochenta de una conversación entre un cubano de mediana edad y un joven mexicano recién llegado y de filo socialista que se lamentaba de su condición de minoría y la discriminación y la injusticia norteamericana. El cubano le decía: “muchacho, gran parte de esa sensación de ser minoría radica en tu corazón y en tu mente. Si quieres verte algún día como triunfador en esta sociedad, debes desde ahora desechar todos esos estigmas que te agobian y verás cómo empiezan a ocurrir cosas favorablemente increíbles a tu alrededor”.

Sin embargo, la sociedad estadounidense también comenzó a cambiar, a debilitarse, primero con el asedio de líderes y grupos que pretendían convertir el sentido de responsabilidad personal del ciudadano en sentido de derecho. Posteriormente, se le vio a la grandiosa sociedad norteamericana flaquear aún más con la llegada de nuevos grupos inmigrantes, instruidos en el mecanismo de la exigencia desde sus propios países de origen. Todo esto llevaría a la antesala de la decadencia social que hoy contemplamos, donde el visitante actúa como el dueño de la casa y ni siquiera por un instante repara en analizar la trayectoria y el sacrificio incurrido por el anfitrión. En tiempos recientes una inmigrante ilegal de Centro América esgrimió desenfadadamente la frase: “ustedes me están haciendo un perfil racial porque soy hispana”, en una oficina gubernamental estadounidense. A lo cual la supervisora hispana del lugar respondió: “¿perfil racial? ¿No se ha dado cuenta usted que mi rostro luce como el suyo?” Y acto seguido hizo venir a otras oficinistas para que le relataran a la nueva inmigrante desafiante sus respectivas historias de vicisitudes y esfuerzos al llegar hace años a este país. La nueva inmigrante suavizó entonces algo su postura y comentó que en su país de origen le habían dicho que emplear el argumento de perfil racial y discriminación eran la clave para obtener derechos instantáneos en los Estados Unidos.

Y con respecto a nuestra gente tendría tantas historias que contarles que el tiempo que me queda en esta vida no me alcanzaría para hacerlo. Me vienen a la mente casi de inmediato los elementos delictivos que Castro enviara durante el éxodo del Mariel y que en corto tiempo se involucraron en el narcotráfico, robos a nivel estatal o federal y otras serias delincuencias, terminando muchos muertos o encarcelados en prisiones estadounidenses después de perjudicar de manera significativa a la sociedad americana. No muy lejos de estas fechorías resultó alarmante el número de cubanos que incurrieron en fraudes gigantescos en el sistema de salud pública, defalcando a las agencias del Medicare y el Medicaid, al igual que a empresas privadas de seguros de salud. El proceso legal y encarcelamiento de muchos de estos individuos ha constituido un gasto enorme para los Estados Unidos, ramificándose en muchos de los casos a la inevitable mantención pública de las esposas e hijos de estos felones. Tuve la oportunidad de conocer personalmente a un joven cubano que vino para los Estados Unidos a través de la Republica Dominicana a fines de los noventa, que me contaba sobre el contrabando de obras de arte y otros objetos de valor iniciado por sujetos dentro de la nomenclatura del régimen de la isla en combinación con cubanos con permisos especiales para entrar y salir de Cuba. Continuando en la escala de causas y efectos que han producido detrimento mutuo para ambas culturas, debo hacer mención de la infinidad de casos de matrimonios de cubanos que en tiempos recientes han optado por la separación legal o el divorcio, aunque permanecen juntos, para de esa forma percibir la enorme gama de beneficios públicos que ofrece el sistema de ayuda social estadounidense.

Con el pasar de los años y ciertas variantes en las leyes migratorias entre los Estados Unidos y Cuba, la venida de los cubanos para los Estados Unidos se ha ido facilitando cada vez más y más, siempre amparada por el rótulo legal de “exilio político”, aunque la gran mayoría de los nuevos inmigrantes cubanos a partir del Mariel arriban desprovistos de los más mínimos vestigios de convicción socio-política. Prevalece el privilegio de salir de Cuba como “refugiado político”, el cual viene acompañado de grandes beneficios materiales y legales, pero los mismos beneficiados admiten que vienen a los Estados Unidos en busca de un mejoramiento económico con el fin de alcanzar los niveles de prosperidad de las inmigraciones anteriores. Paradójicamente, muchos de los cubanos que arriban no solo declaran no tener ningún interés político, sino que en muchas ocasiones defienden y alaban ciertos aspectos del sistema implantado por sus opresores en la isla cautiva. En el mejor de los casos, algunos se distancian totalmente del argumento político, pero alegan que solo en Cuba se respira y se siente el “calor humano”, todo lo contrario de acá en los Estados Unidos imperialistas y consumistas. Cabe aclarar que para muchos de estos “nuevos cubanos” la premisa de su éxodo ha sido inspirada por su observación de la prosperidad de los “antiguos cubanos” que han regresado a la isla como visitantes. En muy contados casos existe un entendimiento acerca de cómo los de antes lograron tal progreso. Las últimas generaciones de cubanos han subsistido dentro de la escasez, pero provistos por el gobierno controlador con las dádivas más elementales para vivir otro día más en cautiverio y el concepto de rigor y autosuficiencia han sido borrados de las mentes de estas generaciones perdidas. Enfrentan por consiguiente un severo impacto social y cultural una vez confrontados con la realidad del capitalismo.

Algunos pensadores y analistas del tema cubano contemplan la posibilidad de la existencia de un mecanismo donde la dictadura castrista “prepara y utiliza” una tras otra generación de “tontos útiles” para lanzarlos contra la infraestructura estadounidense, logrando así sabotearla, como se espera del  enemigo comunista y cuya práctica se ha visto a lo largo de la historia universal. La situación del gobierno cubano ya ha rebasado su época de formular planes invasivos y destructivos contra sus enemigos aunque sigan entreteniendo tales ideas en sus mentes enfermizas. La élite castrista y sus secuaces se encuentran desde hace ya algún tiempo funcionando en modo de sobrevivencia y preservación de las riquezas que han logrado amasar durante más de medio siglo de absoluto control y abuso de la población. Los aspirantes al poder están preocupados por su lado con el desarrollo a escondidas de ideas innovadoras que les permitan su propio enriquecimiento y simultáneamente quedar exentos de cualquier tipo de justicia social. Todo esto dentro del mayor inimaginable caos que podamos concebir tanto los habitantes de la isla como los que vivimos en la diáspora. Las secuelas del cáncer que ha minado a la sociedad cubana se manifiestan por doquier, primordialmente con la conducta de las últimas generaciones de cubanos. Sin negar del todo su existencia, el concepto conocido como “tonto útil” -que se le atribuye al líder comunista soviético Vladimir Lenin- en el caso cubano hoy en día no es más que la consecuencia de una reprogramación social que tomaría por lo menos la misma cantidad de tiempo que se necesitó para desarrollarla el poder revertirla. Si es que tal fenómeno pudiera llegar a ocurrir, pero las probabilidades apuntan desconsoladoramente contra el futuro cubano.

A mí ya se me acaba el tiempo personal y no podré ver los días del arduo, complicado y angustioso proceso que habrá de seguir para el pueblo cubano. Me iré antes con la pena de haber presenciado la aniquilación de una sociedad y presentir la debacle de otra; ambas fundidas en un tiempo histórico donde la envidia, el descuido y el falso orgullo pudieron más que el instinto progresista del hombre y virtudes como la humildad y el respeto mutuo”.

anciano_caminando


Share the joy
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •