Alta Traición y Deslealtad

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Alta Traición y Deslealtad

Por Luis F. Brizuela Cruz

El escándalo más reciente que aflige a la administración de Obama podría involucrar algo más que un juicio errático y violación de procedimiento gubernamental. Podría constituir un caso muy serio de traición en los más altos niveles de gobierno y sin duda alguna ilustra la desenfadada negación de apoyo y lealtad a un grupo con el fin de beneficiar y justificar los actos de un individuo.

El soldado Bowe Bergdahl, promovido al rango de sargento por tiempo de servicio durante su cautiverio a manos del Talibán, ha sido intercambiado por cinco terroristas islámicos que se encontraban detenidos en la base militar estadounidense de Guantánamo, Cuba.

La acción tomada por la Administración sin consultar, o al menos informar al Congreso, ha incitado críticas bipartidistas de varios miembros de la Casa y el Senado. Tal acción ha demostrado, una vez más, las tendencias impunes que han caracterizado la presidencia de Barack Hussein Obama. Sin embargo, más allá de lo que ha llegado a ser aceptado como norma en el modus operandi de la Administración, podríamos estar en presencia de un caso de traición y deslealtad proviniendo de la oficina más alta de gobierno.

Existe la sospecha que el Sargento Bergdahl pueda haber desertado de su unidad, pueda haberse entregado o pueda haber sido capturado por el enemigo y hasta que haya colaborado con el mismo durante el proceso. La evidencia que respalda tales conjeturas no solo sigue tornándose cada vez más clara, sino que incluye el testimonio de varios miembros de su unidad militar que han revelado sus preocupaciones acerca del comportamiento de Bergdahl antes de su desaparición de la base.

La administración de Obama ha formulado una vigorosa campaña con el fin de justificar su decisión de canjear los prisioneros; alegando que salvar la vida de un soldado americano es razón más que suficiente para liberar cinco criminales de guerra quienes ya han regresado al teatro de operaciones terroristas para reanudar sus actividades contra los Estados Unidos y el resto del mundo civilizado. En el proceso, la Administración ha cuestionado y criticado la veracidad del testimonio de los otros soldados contra Bergdahl.

Aun en el caso poco probable que el Sargento Bergdahl resulte exonerado de la sospecha de haberse afiliado y haber colaborado con el enemigo, las acciones de la Administración favoreciendo tal posibilidad, mientras que ataca las opiniones de los compañeros de Bergdahl, deja mucho que desear en términos de las prioridades de la oficina más alta de gobierno sobre a quién otorgar apoyo y lealtad.

Si recapitulamos la conferencia de prensa en los portales de la Casa Blanca el día en que el canje de prisioneros fue anunciado oficialmente, veremos al Presidente Obama no solo escoltando a la madre de Bergdahl de manera algo inapropiada, con su brazo y mano alrededor de la cintura de la mujer, sino que notaremos al Jefe de Estado profundamente emocionado, momentos después, mientras observa y escucha al padre de Bergdahl pronunciarse ante el mundo en Pashto, la lengua del Talibán, y agradecer a Alá por el desenlace de los acontecimientos.

Mientras se logra confirmar si el Sargento Berdghal estuvo de alguna forma afiliado o colaboró con el Talibán, algo resulta totalmente incuestionable y es que las acciones de la administración de Obama han estado durante ya algún tiempo, ingenua o conscientemente, ayudando e instigando a nuestros peores enemigos.

10 de junio de 2014

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Bob_Bergdahl-1


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