Adiós Fidel. ¡Hola Cordura!

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Adiós Fidel. ¡Hola Cordura!
Por Luis F. Brizuela Cruz
Otro asesino psicópata ha muerto.
Fidel Castro, el gobernante totalitario de Cuba –camuflado durante más de medio siglo bajo auto adjudicadas etiquetas de Primer Ministro, Presidente y Comandante en Jefe- ha muerto a la edad de 90 años. Más allá  de la narrativa convencional de la historia –una historia que Castro indicara que habría de “absolverlo”- yace uno de los más horripilantes y complejos genocidios vividos por una agrupación humana.
El saldo numérico de muertes y torturas de la infamia castrista puede que se quede corto de las contundentes estadísticas atribuidas a personajes como Mao, Stalin, Pol Pot y Hitler, aun proporcionándolas frente al contexto de la población de la esclava isla caribeña, la cual Castro convirtiera en un Maquiavélico experimento de infinitas manifestaciones. Sin embargo, las perdurables secuelas de daño moral, emocional, espiritual y material causado por el régimen de Castro podrían tener un mayor impacto, abarcando un número más extenso de generaciones que las afectadas por algunos de sus infames homólogos. Ya que en la mayoría de los casos mencionados hubo finales horrorosos, definidos ya fueran por resonantes victorias contra la locura de turno o por exitosas permutaciones hacia algún tipo de normalidad. En el legado castrista, por siempre desconcertante e inconcluso, el sujeto víctima y sus descendientes parecen destinados a un limbo de horror estigmático sin final. Así es la idiosincrasia del expediente del castrismo. Así es de enigmática la proyección del camino por delante para los cubanos, en la diáspora, pero peor aún para aquellos en la isla secuestrada; mientras una cultura con diferencias abismales entre dos versiones de sí misma persigue, dentro de un enorme desacierto, la más elemental de las aspiraciones humanas: la cordura.
La habilidad primordial de Castro para desmembrar a la población cubana, para tornar hermano contra hermano o hijos contra sus padres mediante la doctrina Marxista-Leninista puede haber causado un daño irreversible en la cultura cubana. Su camaleónica manipulación de amigos y enemigos, siempre procurando su enriquecimiento personal –hasta empleando la falacia del embargo estadounidense como catalítico de un sentimiento antiamericano en la isla y por doquier- al mismo tiempo que su fortuna escalaba al nivel de los más ricos jefes de estado en el mundo- categorizan a Fidel Castro como una de las criaturas más sádicas en insensibles que hayan caminado sobre la faz de la tierra. Mientras tanto, una nación busca la perspectiva de un futuro para el cual su gente no está ni remotamente preparada.
Con tono satírico, con cierto desdén y sarcasmo, algunos se han acercado a mi recientemente y me han preguntado: “¿y de que van a hablar ustedes los cubanos ahora que Castro ha muerto?” Hay tanto aun de que hablar, tanto sobre que reflexionar, tanto luto y aflicción. Hay una otrora radiante cultura en necesidad desesperante de ser rescatada de las garras del olvido. Pero quizás para facilitar el entendimiento de tantos agnósticos y detractores, podríamos proponer una imagen redentora invocando las victimas en la carne del horror castrista, quienes desde los paredones de fusilamiento, desde las mazmorras de las cárceles cubanas y desde las profundidades del Estrecho de la Florida hoy logran darle simbólica clausura a su holocausto individual y colectivo con la muerte del tirano.
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